Para quien viaja por Castilla, son las siluetas de los castillos, uno de los elementos que mayor emoción produce.

Mal de Amores: una triste leyenda

d0acd250anguix.jpg Mal de Amores: una triste leyendaHay una romántica y triste historia de amor relacionada con Anguix. Ha sido relatada tanto por Santiago Martínez Palacio en "El Castillo de Anguix" como por Francisco Layna en "Los Castillos de Guadalajara", y cuenta la historia de la joven zagala Margarita y el señor del castillo Don Juan Carrillo.

A comienzos del siglo XV era señor del castillo, aunque avecindado en Huete, Don Juan Carrillo el cual estaba casado desde hacia 1435 con Leonor de Sandoval, rica heredera. Cuando Juan II confirió el título de ciudad a Huete se celebraron allí fiestas con toros, torneos y justas de amor. Juan participó en estas fiestas, y también el caballero Garci López de Cárdenas quien ganó los juegos de cañas, algunos torneos y las justas poéticas. Por ello podía escoger a la reina de la fiesta, y escogió a Leonor. El caso es que poco después hubo amores entre Garci y Leonor, que al ser descubiertos por Juan provocó la discusión consiguiente, la separación del matrimonio y la reclusión de Leonor en una aldea por los padres de ésta. Nótese aquí el detalle de que debía de ser mayor la posición social de la familia de Leonor que la de Juan, pues ella simplemente fue recluida temporalmente hasta que se acabara el escándalo, y no ejecutada por el marido, como permitía la ley entonces vigente.

Juan había sido de natural fogoso en su juventud y tuvo que sentir cómo la mujer con quien le habían casado prefería a galán más joven. Abandonó Huete y marchó a su castillo de Anguix, posiblemente a distraerse con la abundante caza que en derredor había y olvidar el disgusto. Volviendo de una cacería junto al alcaide se detuvieron en la fuente de "la membrillera", que esta saliendo del lugar de Anguix (situado al norte del castillo, abajo del cerro) hacia el profundo desfiladero del río Tajo. De ésta fuente nace el arroyo de "las lágrimas".

Bebiendo de la fuente se cruzaron con una bella joven de quince años, que arreaba un hato de cabras. El alcaide contó a Don Juan Carrillo que el nombre de la joven era Margarita, hija del guardabosques. La joven debía de ser de natural simple y muy sensible ("buena, ignorante y soñadora", la describen) pues el nombre "de las lágrimas" hacía mención a las derramadas por Margarita cuando al acabarse las aguas de deshielo y primavera se agotó el arroyo al finalizar mayo y la verde pradera llena de flores dónde pacían sus cabras se agostó. El caso es que Margarita no dejó de llorar mes tras otro hasta verla reverdecer tras las lluvias y nieves de otoño e invierno.

Juan gustaba de pasear únicamente acompañado de un perro viendo salir el sol desde el "mirador de la sultana" (llamado así por un gran pino solitario) y paseando o cazando. Las muchas coincidencias entre la pastora y el señor les hicieron entablar conversación, a pesar de la timidez de Margarita, y poco a poco nació el amor entre ellos pues no lograban calmar su impaciencia ni sus paseos por los montes hasta que cada día lograban encontrarse. No parece que el amor pasara de un nivel "platónico", según la leyenda. Concedamos el beneficio de la duda a la misma, aunque la cosa parece harto extraña en aquellos y estos tiempos, máxime cuando es conocida por todos la facilidad con que los señores y caballeros de entonces intercambiaban efusiones amorosas con rapazas y villanas, siempre sin intención de llegar al matrimonio.

En nuestro caso la leyenda cuenta que Juan no quiso mancillar a Margarita y, antes que satisfacer su pasión con ella, huyó sin decir palabra procurando no volver a los lugares que ella frecuentaba y en los que ambos se habían comunicado su amor. Margarita literalmente se volvió loca, recorriendo con sus cabras los montes y senderos por los que se habían encontrado, un día y otro, y así durante muchos días, sin pensar en alimentarse y sin sosegar un instante, enflaqueciendo a ojos vistas sin comprender el porqué no veía a su amado. Las pobres cabras, que no tenían culpa de nada, marcharon tras ella.

Un día Juan oyó tocar a agonía a la campana de la pequeña iglesia de Anguix, y se enteró que agonizaba Margarita. Apenas tuvo tiempo de acudir a su lecho de muerte y allí darle un beso como prueba de amor verdadero. Mientras Margarita era conducida al cementerio, Juan huyo de Anguix y fue de ciudad en ciudad, combinado borracheras con orgías y juego. Aquí es dónde no me cuadra la leyenda, en el apunte de que Juan se refugiara en brazos de otras mujeres, pero no vamos a estropear con estas dudas esta historia de amor. Juan se arruinó y vendió medio coto de Anguix. Pero además Leonor pidió la devolución de su dote de casada, puso pleito y Juan perdió el otro medio coto de Anguix en 1442, más sus posesiones en Huete. Lo único que no pudieron embargarle fue el caballo, al ser caballero. Aquí se ve que la situación de Leonor tras la ruptura no era mala, sino todo lo contrario, pues había podido poner un pleito y ganarlo a su ex marido. La leyenda cuenta que Juan Carrillo se refugió aguas del Tajo arriba en el monasterio de Ovila dónde profesó y murió santamente.

No se cuanto de verdad hay en esta leyenda, pero es bonita y romántica. Layna no la da mucho crédito pues Luis Carrillo (hermano de Juan) compró fácilmente en 1454 a Leonor de Sandoval su mitad de Anguix y ya había comprado en 1452 la otra mitad que vendiera Juan. Por cierto, Leonor estaba casada por aquel entonces en segundas nupcias con Garci López de Cárdenas, que ahora había llegado a ser Comendador de León, demostrando que el pobre de Juan había sido un auténtico "primo" con su matrimonio con Leonor.

Piensa Layna que en esta leyenda se han mezclado en parte la historia de Don Apóstol de Castilla (caballero "gustoso de las villanas" que fue muerto junto al Tajo hacia finales del siglo XVI o principios del XVII por los mozos de Sacedón tras propasarse con una moza) y la historia de Alfonso Carrillo (sobrino del Arzobispo de Toledo Alfonso Carrillo) quien dilapidó sus bienes y vendió el señorío sobre Anguix en 1484 a Iñigo López de mendoza, segundo Conde de Tendilla, llamado igual que su padre e igual que su abuelo, el conocido Marqués de Santillana.

Nota escrita en mayo de 2004: Los propietarios actuales del castillo de Anguix nos advierten amablemente del mal estado de las ruinas del castillo de Anguix, pudiendo resultar peligrosa su visita, y de que tanto sus ruinas como el caseróo de Anguix son propiedad privada y no es posible visitarlos sin el permiso de sus dueños, lógicamente.

Fuente: alcarria.com


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